Wednesday, March 30, 2005

La gran guerra del Humanismo

Desde su nacimiento bajo la tutela de Erasmo de Rotterdam, y su auge en la Italia de Da Vinci, Miguel Ángel y compañía, el Humanismo surgió no como una recreación del modelo griego, sino como un movimiento nuevo que radicaliza y “perfecciona” el pensamiento de los antiguos grandes pensadores helénicos, imponiendo al hombre como centro del universo y lanzándose de lleno a buscar el conocimiento no cuantificable, no racionalizable, aquel al que la ciencia no puede siquiera intentar acceder. De esta forma, el Humanismo ve al hombre como un ser libre, que posee gran valor en si mismo, en sus pensamientos y en sus sentimientos, que es dueño de su propio destino, y es a quien se conceden todos los derechos e imponen todas las obligaciones, en clara muestra de descontento con el teocentrismo imperante en la Edad Media.

En vez de plantear que “la ideología es el peor sustituto del pensamiento”, quizás mejor sería decir “es el peor enemigo del pensamiento”. Pues son justamente las distintas ideologías a lo largo de la historia las que han, de diversas formas, reprimido y/o combatido el pensamiento humanista. Desde los tan añorados tiempos de la Antigua Grecia, la naturaleza cuestionadora y antropocéntrica del Humanismo representó un peligro para los grupos dominantes, que debían mucho de su poder justamente a la religión oficial del Estado que los pensadores cuestionaban. Este peligro fue rápidamente atacado con un fuerte proceso represivo, que obligó a beber cicuta y perecer a tantos grandes hombres como Sócrates, Aristóteles o Pitágoras. Sin embargo, si bien ellos fueron muertos, sus ideales permanecieron marcados a fuego en la humanidad, mientras el teocrático imperio griego se derrumbaba poco a poco hasta caer definitivamente. La primera batalla de la imperecedera guerra entre las ideologías y el Humanismo había sido ganada por este último.

Luego vendrían las Monarquías Absolutistas europeas, principalmente la francesa. En ella, Bossuet impuso el principio del “Derecho Divino de la Monarquía”, según el cual el Rey que gobernaba los destinos de una nación lo hacía en virtud de un mandato divino, y por lo tanto sus acciones eran incuestionables. El ataque contra el Humanismo se intensificó, ya no bastó con la represión física, también la batalla fue llevada al terreno de la cultura, con el surgimiento del Neoclasicismo, movimiento artístico igualmente basado en el antiguo clasicismo greco-romano, pero que busca derechamente imitarlo de la forma más precisa posible, privilegiando una perfección pragmática y desdeñando el factor sentimental en el arte, todo lo contrario a lo que caracteriza la concepción artística del humanista: “gozar la creación, idealizar la realidad y amar esa ilusión. Disfrutar de un argumento, solazarse de una metáfora, asombrarse de una paradoja e inquietarse por el enigma de la historia”. Pero el Humanismo no habría de quedarse atrás, y su contraofensiva se vio plasmada en el nacimiento de la Ilustración, y con ella del ideal romántico que finalmente acabó con el absolutismo. Otra batalla en que triunfa el humanismo.

Actualmente, en nuestra sociedad contemporánea se vive una nueva contienda entre la ideología y el Humanismo. El sistema actual requiere cierta uniformidad entre los individuos, que sean dóciles y generen poco cuestionamiento. Pero, a diferencia de las otras contiendas citadas, este enemigo del Humanismo, a pesar que han existido casos de sociedades totalitarias y autoritarias en que la represión física se ha mantenido como medio de acallarlo, en esta ocasión puede decirse que ha cambiado la estrategia. En vez de atacar al Humanismo directamente, ha optado por ningunearlo, relativizarlo, subestimarlo, restarle importancia, entendiendo perfectamente que el ataque directo hacia una cosa hace presuponer la existencia de su mérito, en cambio la indiferencia hacia ella causa duda sobre su valor e incluso sobre su real existencia. Además, también ha introducido y hecho prevalecer una cultura de lo liviano, lo desechable, creando con ello un terreno poco fértil para el pensamiento humanista. Estos dos factores sumados han creado el arquetipo del humanista como un tipo vago y débil intelectualmente que huye despavorido de las ciencias exactas, no por querer explorar aún más allá, sino porque no posee la capacidad de comprender dichas ciencias; y también han creado una imagen del Humanismo como una mera entretención superflua, sin utilidad alguna en una época donde la praxis, lo inmediato, es todo. Es decir, los escasos humanistas verdaderos de nuestro tiempo, debido a sus ideales están condenados a beber la cicuta de la indiferencia.

La batalla está declarada, ahora es responsabilidad de los nuevos humanistas derribar este mito. Es deber nuestro rescatar el verdadero Humanismo, de derramar la cicuta que se inyecta desde las sombras en la conciencia de nuestras sociedades, tal como los antiguos humanistas, que lucharon por sus ideales incluso dando la vida. Sólo así, su muerte no habrá sido en vano, y el Humanismo finalmente habrá ganado otra batalla y posiblemente la eterna guerra histórica contra las ideologías. Esto último es relativo, pues estas, sean del lado que sean, siempre han logrado idear nuevas estrategias de reacción. ¿El Humanismo está entonces condenado a la derrota, o peor aún, a librar una batalla cíclica sin fin como se ha venido desarrollando a lo largo de la historia? ¿O, por el contrario, lograrán los humanistas dar la estocada final a la reacción ideológica? Depende de nosotros.

Nota:
Por casualidad, o más bien por curiosidad, me metí al Blogspot de un compañero que suele escribir cosas bastante interesantes y con una mezcla entre existencialismo y a ratos nihilismo que da para reflexionar (uno puede desde asombrarse hasta putearlo). La cosa es que este individuo hizo pública su concreción de una labor que nos encomendara un profesor, curiosamente, de Matemáticas: explayarnos sobre lo que para nosotros es el Humanismo a partir de un ensayo sobre esto creado por él mismo. En fin, de pronto me acordé que tenía esta paginita y estaba botada (y que incluso un par de personas me preguntaron que onda al respecto) acumulando polvo en el ciberespacio. El caso es que fue así como se me ocurrió revivir mi Blog, copiando la idea de Sandy de hacer público aquel texto, aunque debo decir que el mío intenta evitar la chúplica flagrante, jejeje.