Thursday, April 13, 2006

Judas, versículo 69

Son las 2 de la mañana así que ya es Viernes Santo. Se supone que según la cronología bíblica, hace 1967 años atrás Jesús hace no mucho rato estaba orando en el huerto de Getsemaní y llegarían los romanos a capturarlo tras el beso que Judas le da. Bla, bla, y más bla. Aunque la canción "Getsemaní" de Jesucristo Superestrella es espectacular, al escucharla no puedo evitar fantasear con hacer de Jesucristo en una representación de ese extraordinario musical (a ti que dijiste que era muy autorreferente para escribir, vete al cuerno, el blog es mío, jeje va en buena en todo caso). Vengo llegando de compartir con mis primos y tíos chilenos que viven en la tierra de los canguros y koalas, de AC/DC y Silverchair, de los "Socceroos" (cuyo gol contra Uruguay celebré casi como gol chileno, y que espero no den mucho jugo en el Mundial) y del despreciable Lleyton Hewitt.

¿De que cresta estoy hablando? Ya no me acuerdo. A ver, no me interesa hacer un diario de vida onda blog del Mauro o del Bimbo, tampoco una hueá freak tipo Sandy, menos caer en la depresión Peñailística ni la esquizofrenia del Moncho, ni hacer un comentario futbolero tipo "La Redó" sobre el Clásico o algún acontecimiento deportivo. Ah, estaba hablando de la Semana Santa, quizá podría retomar el estilo analítico por un ratito, pero a ver, que tema interesante hay... ¡ah si! esta hueá del Evangelio de Judas, no había tenido tiempo de comentarlo, me hizo acordarme del Código Da Vinci ("la novela policial del gnosticismo" en palabras del maestro Phil) y de las pruebas de Phil sobre gnosticismo y todo eso.

Voy a seguir con la autorreferencia y me importa un carajo. Si bien pasé ya la etapa dialéctica del cuestionamiento de la Fe cristiana dando como síntesis un agnosticismo que, si bien no es cristiano en lo más mínimo, se aleja absolutamente de la parada "no shi la única igleshia q ilumina esh la q arde ashí", lector casual, crea usted en lo que se le antoje, mientras no me huevee todo bien. Ya pero me estoy desviando, la cosa es que si bien derivé finalmente en un laicisismo, mi infancia la viví en un colegio católico (el Patrocinio de San José, Salesiano para ser más exactos) y de hecho mi profesora de religión de 5º y 6º era una vieja muy fundamentalista a la que sin embargo igual le compraba en su momento; la cosa es que igual creo saber algo sobre la Biblia.

Y en ese sentido pienso que la polémica por el Evangelio de Judas está completamente mal enfocada. Al fin y al cabo, si lo que dicho evangelio dice fuera cierto, no trastocaría mayormente la esencia de la narración bíblica. Se esgrime como argumento de que eso dejaría a Dios como el culpable único de la muerte de Jesús, osea, Dios culpable de algo "monstruoso", pero ¿no lo es de todas formas? ¿no fue él quien supuestamente impuso tal destino a su hijo, su encarnación humana (aunque se supone, y esa es la gracia del cristianismo, que con el fin superior de mostrar el camino de vida que la humanidad debía seguir)?. Insisto que la polémica no va, o al menos no debiera ir, por ese lado. ¿Entonces por qué la discusión va por ahí? Hilando un poquito más fino me parece que la Iglesia es la que quiere que la polémica vaya por ese lado. No es que desconozca que estas nuevas revelaciones puedan ser equivalentes a un ají en el poto para las grandes cúpulas eclesiásticas, pero me parece que en el fondo saben que no supone un cambio radical en cuanto a la concepción de su Dios (me cago en "no si hay un puro Dios las otras religiones son todas interpretaciones del mismo Dios", aguante "Religión en la Postmodernidad") ni a ninguno de sus dogmas de Fe.

Pero más vale prevenir que curar. Así piensan desde tío Benedicto hacia abajo. Deben defender con uñas y dientes todo el esfuerzo que ha hecho la Iglesia Católica a lo largo de su decurso vital para la construcción y preservación de una historia oficial, el cual ha implicado un moldeo constante fundado en la coerción, la persecusión y el entierro y quema de historias paralelas, llámese evangelios gnósticos, estudios arqueológicos y científicos, sea el que sea. Y en el fondo tienen claro que el Evangelio de Judas no cambia prácticamente nada; el problema es que, si se le da credibilidad, se sienta el precedente para comenzar a tomar en serio todo hallazgo que venga de ahora en adelante. ¿Y que pasa si aparece algo que si implique un cambio? ¿Que pasa si a alguno de los Papas con poder natural además del poder divino, simplemente se le escapó un papelito, que se salvó de la quema y se enterró quizás como esperando que alguien lo encuentre? Lo peor para ellos es ¿qué pasa si alguien lo toma en serio?

Por eso es que arman tanto escándalo con aquel evangelio, aun cuando no implique cambio significativo: para impedir que se considere válida toda cosa que corrija siquiera una coma de la Biblia, y así evitar posteriores daños mayores a la historia oficial, y por ende al cristianismo como construcción cultural -no así como Fe, que no es lo mismo que religión, la fe es inargumentable e irrefutable, es simplemente sensorial-.

Ya, en unas horas más comeré seguramente atún o alguna otra forma de pescado o marisco. Para que vea señor curita que lo respeto, que no soy un flaite que anda por la vida provocándole. Así que como lo respeto permítame el derecho a la duda y a extricar un poquito más sus intenciones. Gracias. Felices pascuas. Y que el conejito traiga muchos huevitos de chocolate, aunque me envicien -otro día trataré la relación conejito-Jesucristo, ahora no tengo ganas, y a decir verdad tampoco ideas-. Buenas noches. Sueñen con los angelitos, con los diablitos, con una minita, con un triunfo de su equipo favorito, con un concierto de su banda preferida, al gusto del consumidor. Chao.

Wednesday, March 29, 2006

La derecha boliviana

Recuerdo aquel 10 de Marzo. Era en el Court Central del Estadio Nacional, donde alrededor de 6000 personas se congregaron en el acto de bienvenida al Presidente de Bolivia Evo Morales. Dentro de todo fue bonito, su discurso, sin ser un grandilocuente acto de retórica, fue en cambio una potente muestra de carisma, y un canto a la lucha social por medios pacíficos. Pero no se puede dejar de decir que por momentos era desconcertante la picantería de gran parte de nuestra izquierda, sentí vergüenza al escuchar "joooota jota!" en medio del ritual mapuche de ungimiento de Evo Morales como su líder, donde un mínimo de respeto y sentido común indica que hay que guardar silencio -¡oh ironía, estaban allí para recibir a un líder indígena y ese es el respeto que les tienen!-, como también por momentos dentro del mismo discurso en que las distintas colectividades interrumpían con sus consignas particulares queriendo destacarse por si mismas cual personajes faranduleros que en la Teletón se agarran a codazos por aparecer en la foto con Don Francisco; dentro de esto mismo el MIR -me tocó justo estar atrás de ellos- merece una mención aparte: no conformes con interrumpir constantemente con su "pueblo, conciencia y fusil" que me tenía hinchadas las gónadas ("comer, cagar y dormir... MIR MIR MIR!"), sus banderas gigantescas no dejaban apreciar gran parte del escenario, o al menos obligaba a patéticas contorsiones de cuello para hacerlo, ¡y anda a decirles que las bajaran!, porque respondían con prepotencia "oye shi la weá es escushar ashí da lo mismo q veai o no ashí". Que rico fue que Evo Morales no los saludara por más que molestaron, quizá inconscientemente sea el justo castigo por su prepotencia y su inconsecuencia -¿qué carajo hacían en un acto que era justamente un canto de rechazo a la lucha armada (su principio fundacional) como medio revolucionario y de legitimación de la paz en estos procesos? Solo ellos lo saben, y si me apuran un poco, quizá ni siquiera lo saben realmente-.

Pero lejos de esos episodios que, aún cuando en su conjunto desconciertan, son detalles soslayables, hay algo más profundo que me inquietó, y creo que es prácticamente a mi nomás -soy "Sanhuezista" políticamente según me dijeron por ahí... quizá tengan razón-. Fue aquel momento, predecible pero no por ello menos extraño -desarrollando el tema explicaré por qué- en que el grito "Mar para Bolivia" se posesionó del Court Central.

Lo lamentable, en mi concepto es ver como parte importante de nuestra izquierda, aunque en este aspecto bien intencionada, cae en una trampa tan burda. Veamos por qué. La Guerra del Pacífico fue un conflicto de grupos económicos foráneos. Las consecuencias y, sobretodo, los argumentos posteriores de lado y lado han sido, en su esencia, elaborados por las elites tanto chilenas como bolivianas. Teniendo claro esto la conclusión es evidente: la aspiración marítima boliviana NO ES FRUTO DE UNA DEMANDA POPULAR, sino de una retórica confeccionada por los grupos económicos bolivianos, si, los mismos latifundistas de derecha que han gobernado Bolivia históricamente, teniendo a un pueblo sumido en el hambre, el analfabetismo y el abandono.

Pero esta retórica no surge porque si. Muy por el contrario, ha sido históricamente un arma estratégica de contención y represión de las demandas sociales en dicho país, un verdadero comodín del que han sido dueños estos millonarios que han históricamente constituido la parte más poderosa de la clase política boliviana -de hecho, si se sabe hurgar, se puede encontrar que no son pocos los bolivianos que comparten esto que digo-. Y un comodín que, como tal, no han trepidado en utilizar ante cada posible estallido de su pueblo; puede parecer trivial, pero recuerdo una nota que hizo CQC en Bolivia, en que el reportero -creo que Iván Guerrero, no me acuerdo-, fingiendo ser argentino, recogía opiniones en la calle sobre este tema; era impactante ver como casi todas las respuestas eran algo así como "bueno y Chile nos robó el mar y por eso es que nuestro país no progresa y somos pobres". Ahora que me acuerdo también vi un documental de Informe Especial que era algo así. Lector casual, imagino que usted, como cualquier persona con ciertos conocimientos, sabe que aquello se debe a miles de factores, pero justamente el mar no es uno de ellos -me permito recordar que, en el plano estrictamente económico, Bolivia tiene tantas facilidades en los puertos del norte prácticamente como si fueran puertos suyos-. ¿Qué conclusión sacamos entonces? Un pueblo engañado por su elite, que lo ha sumido en la pobreza, fomentando una lucha completamente anacrónica en estos tiempos.

Teniendo claro que el factor económico no es preponderante en este caso, pasemos al otro gran argumento que se esgrime, el de la "reivindicación histórica" de recuperar un territorio perdido que implica una sensibilidad mayúscula en todos los sectores de la vida boliviana. Repetiré de
nuevo y hasta el cansancio que esa sensibilidad es una mentira inventada por los grandes grupos de poder del país vecino, inoculada como una bacteria a las masas por medio de una educación que los adoctrina para odiar a Chile, y unos medios de comunicación que refuerzan esto y exacerban los ánimos. Entonces, si dicha sensación queda fuera, ¿hablamos efectivamente una "reivindicación histórica"?. Más profundo aún ¿cualquier pretensión de recuperar territorios perdidos entra en la categoría de "reivindicación histórica"? -si me va a responder "no es que es distinto porque a ellos les duele" y cosas así, lea desde el comienzo del párrafo nuevamente-. Porque si es por eso, ya, que Chile devuelva Antofagasta y Arica, pero empezamos a reclamar todo el vasto territorio en la Patagonia, los Campos de Hielo Sur, y todas esas cosas que hemos perdido con Argentina. Y si lo extendemos a toda Latinoamérica -ley pareja no es dura-, empieza Perú a pelear con Ecuador unos metritos más y metritos menos de selva amazónica, Brasil se agarra de las mechas con medio mundo por lo mismo, y así tenemos una serie de posibles conflictos territoriales. Y mientras nuestros líderes se entretengan haciendo y deshaciendo mapas, nuestros pueblos siguen sumidos en el hambre, y toda tentativa de integración latinoamericana -la misma con que tantos se llenan la boca- se va al carajo. ¿Es eso lo que quiere nuestra izquierda? Quiero pensar que no.

Evo Morales representa una esperanza para el pueblo boliviano. Encarna ciertamente una alternativa de gobierno distinta a lo que han sido los grandes magnates y dictadores neoliberales que han regido los destinos de aquel país, y sobretodo, encarna la ilusión de cambios sociales importantes en dicho país. Por eso, que lamentable sería que Evo caiga también en la trampa nacionalista con que los grupos económicos del país altiplánico han defendido a rajatabla sus intereses, aquella trampa en que la parte más dura de nuestra izquierda ha caido redondita. Curiosamente ha sido esta parte menos conciliadora y más intransigente, la menos consecuente con su posición de izquierda -por todo lo anteriormente dicho-, y esto se debe a que han cometido el error de preocuparse más por "cómo NO hay que actuar" que de como SI hay que hacerlo. Me explico: han estado tan preocupados de marcar diferencia radical respecto a la derecha chilena, aquella de la que emergen argumentos nacionalistas pelotudos como "no shi hay que defender los territorios xq costaron shangre de nuestros sholdados de la patria ashí" -los territorios que Alemania obtuvo en la primera parte de la II Guerra Mundial también costaron harta sangre de soldados alemanes, ¿y eso los legitima? por supuesto que no-, que a la larga lo único que han hecho, lamentablemente, ha sido convertirse, o mejor dicho mimetizarse, con la DERECHA BOLIVIANA. Osea, desvestir a un santo para vestir a otro.

¿Con o sin fotos?

"Explore hasta el cansancio el discurso de la Licenciatura 2005. Autor: JotaEme". Ver ese burlón y desafiante link a mi Blog en el fotolog del Muñe fue la gota que rebalsó el vaso. También el hecho de que posteriormente me dijera "algunos seguimos entrando con la esperanza de algo inédito", soslayando el hecho de que quizá hablar en plural sea un exceso, me motivan -dizque obligan- a escribir esto. Este blog no había sido actualizado en bastante tiempo, y ya que al menos a alguien le importa bien vale explicar el por qué.

La cosa es que me aburría escribir cosas, muchas veces sintiendo -perdón la carencia de modestia- que algunas me quedaban bastante buenas, y no ser posteado por casi nadie. Lo del discurso fue un detonante máximo, pues realmente siento haber estado lejos del corneterismo ad-hoc y haber planteado algunas cosas que podrían haber sido generadoras de discusión -de hecho por MSN e incluso en persona lo fueron-, pero la paja imperó en los potenciales lectores. Obviemos el escrito de Sísifo, pues ese estaba hecho para el "rating", es evidente.
He ahí entonces la principal razón: la escasez de "público", ciertamente insuficiente para todo lo que tengo que decir. Por eso decidí hacerme un Fotolog, con toda la "huequez" y egolatría que esas paginitas poseen como estigma -si hasta yo las puteé alguna vez-. Además el Fotolog tiene el mérito de hacer que los comentarios sean tan visibles como el texto principal, a diferencia del Blog que los destina a un rincón especial, creando una relación de jerarquía entre texto y comentarios, y no de complementación y retroalimentación entre estos, cosa que el Fotolog si logra. Y eso se nota: Siempre, aún con los textos más largos, me postean aproximadamente 10 personas; es cierto que de cada ellas no más de 3 en verdad lee lo que escribo. ¡Y eso es más que en el Blog!

Eso si, debo reconocer que hay cierto dilema ahí. Parece que tengo menos ganas de escribir textos analíticos -que al fin y al cabo eran LA fuente de este Blog-, o al menos de publicarlos, no es que me haya vuelto tonto de repente ni nada parecido, es como que estoy prefiriendo discutir directamente y dejando de lado eso de casi creerme columnista de algún medio importante e independiente -imaginación cabros, todo lo puede- por medio del Blog. La pregunta quizá sea clara: ¿Será solo paja, o el Fotolog tienta mucho a explotar mi lado "light" -por llamarle de alguna forma- dejando de lado el tipo de escritos que solía hacer? Vaya a saber uno...

Igual el Fotolog se me está "bananerizando" mucho así que yo cacho que volveré a escribir acá. Tengo un par de cuestiones en mente pero no me he sentado a plasmarlas. Y eso po. Posteenme. Leanme. Adios.

Friday, December 02, 2005

Discurso de despedida, Licenciatura 2005

Autoridades presentes; Sr. Rector del Instituto Nacional, don Omar Letelier Ramírez [lease con abucheo generalizado del respetable]; Sres. Profesores; Sres. Padres y Apoderados de 4ºs de E. Media; y, principalmente, compañeros todos:

Hoy es un día de fiesta para Chile. Hoy nuestro país se viste con sus mejores galas para recibir a una nueva generación de institutanos que emergen a la dura batalla de la vida, desde este viejo y querido edificio de Arturo Prat 33. Su fachada es gris y resquebrajada pero su interior es multicolor y luminoso, indestructible e imperecedero.

En este momento surgen, inevitables, como ráfagas, los recuerdos individuales y colectivos de esta, nuestra Generación 2005, que evoca sus vivencias en estas aulas y en estos patios. Revivimos en nuestra mente los partidos en Calama con pelotas de plástico, las bromas y apodos en los cursos, los amigos y los no tanto, las anécdotas con profesores, la convivencia a veces grata y a veces difícil con los inspectores, auxiliares y funcionarios; en fin, tantos momentos vividos que se agolpan en nuestra mente y se funden en dos palabras: Instituto Nacional.

Pero, más allá de aquello, dos son las preguntas que afloran en este último momento en que humanistas, matemáticos y biólogos nos vemos las caras como alumnos y como compañeros, porque, entre paréntesis, institutanos seremos siempre, aunque suena a cliché, para bien o para mal, los institutanos nos reconocemos como miembros de una misma familia, a través de una experiencia sensorial cuya impronta va más allá de las palabras.

Compañeros: Hoy pasamos del umbral de la vida escolar a la categoría de ex-alumnos. ¿Qué tipo de ex estudiantes debemos ser? El que aquí vivimos: auténticos y responsables, tolerantes y solidarios. Jamás debemos caer en el extremo del llamado “chovinista institutano”. ¿Quién es él? Es aquel cuyo “amor” al colegio resulta a la larga ser pernicioso, pues se caracteriza por dos actitudes erróneas que a la larga resultan fatales:

En primer lugar, sentirse parte de una suerte de “elite”, que mira en menos al resto que lo rodea y se escuda en su insignia ante las dificultades, generando en su entorno social el infamante paradigma del institutano soberbio, egocéntrico y pseudo intelectual, el cual, seamos sinceros, todos sabemos que lamentablemente existe, y por lo mismo urge que sepamos modificarlo.

En segundo lugar, aferrarse a la nostalgia en forma tan obsesiva que se termina por justificar lo injustificable; no tener un compromiso decidido con el colegio y sus tentativas de cambios positivos ya sea en infraestructura o en ámbitos más humanos y pedagógicos, bajo aquel espurio razonamiento “es lo que me tocó sufrir, las nuevas generaciones también deben sufrirlo”.

Debemos querer y defender a nuestro colegio, pero este cariño debe manifestarse en forma auténtica y correcta; no sólo en el brindis de honor en cada nuevo Aniversario el día 10 de Agosto, sino en una actitud y presencia continua como manifestación de agradecimiento permanente por las herramientas que esta institución nos ha dado para configurar en forma autónoma nuestros valores, nuestro criterio y nuestra personalidad.

¿Cómo lograrlo? Justamente actuando en forma opuesta al chovinista, es decir, enalteciendo al Instituto en nuestra vida cotidiana con una inquietud cultural e intelectual constante, acompañada de una actitud deferente e integradora y, además, manteniéndonos atentos a nuestro colegio, abiertos a su progreso, apoyando y promoviendo iniciativas positivas, criticando, cuando sea necesario, todo lo dudoso, negativo e inconsistente, siempre con el fin supremo de engrandecer al Instituto Nacional.

Hace algunos momentos hablé del colegio como una fachada gris con interior multicolor. Es así, justamente, multicolor y heterogéneo, como la gente que lo compone: desde el pobre hasta el rico, desde la izquierda hasta la derecha, desde el católico hasta el ateo. Vivimos todos el fenómeno casi único de la coexistencia fraternal, con un vínculo emocional ajeno a cualquier tipo de sectarismo que no sea el de la empatía simple, sin ningún prejuicio socio-cultural, en el marco de una auténtica tolerancia. Esa es la gran virtud de nuestra institución, no los puntajes nacionales ni otros datos estadísticos que, al fin y al cabo, se los lleva el viento. La gran cualidad del Instituto Nacional es ser una verdadera escuela de vida, donde por sobre todas las cosas es lo empírico lo que nos permite crecer, sobrellevar las dificultades y salir adelante. Lamentablemente este maravilloso fenómeno social que se da en nuestro colegio es cada vez menos frecuente en la sociedad contemporánea, tan estratificada y discriminatoria.

Surge entonces la segunda pregunta ineludible: ¿Está bien que el Instituto Nacional sea una curiosa y única excepción dentro de la educación chilena en general? Si bien esta situación a muchos llena de orgullo, lo cierto es que ad portas del bicentenario nacional y de nuestro colegio, no puede ni debe continuar así. Este hecho debe llevarnos a una reflexión profunda, de preocupación por la regla funesta que dicha excepción está confirmando, y sobretodo motivar un afán incansable por cambiarla. No es que debamos estancarnos, pero algo debemos tener claro: la historia nos llama a ser gestores de un cambio y un progreso verdaderos, ciudadanos que engrandezcan la nación. Tenemos la obligación de ir a la vanguardia, de ser transformadores de la realidad y no simples reproductores de esta, adaptados como autómatas a los paradigmas de la sociedad actual. Nuestra meta es ser constructores de un Chile y un mundo más justo, y esta transformación parte insoslayablemente por la educación.

Es deber fundamental de nosotros, nueva generación de institutanos que hoy emergemos de la seguridad de las aulas para enfrentarnos a la incertidumbre de la vida, actuar siempre en forma constructiva para lograr este tan necesario cambio de nuestro país y del mundo actual. Solo así veremos cumplido el ideal fundacional que nos legó Fray Camilo Henríquez: “El gran fin del Instituto es dar a la Patria ciudadanos que la defiendan, la dirijan, la hagan florecer y le den honor”.

Muchas gracias


Notas al margen:

1. Este discurso también se puede encontrar en http://mimamaeslesbiana.blogspot.com

2. El Monxo me instó a publicarlo en MMEL, ni se me había ocurrido -para que no se diga que la ando quebrando ni cosa que se parezca-, pero me pareció buena idea. Y de pasadita hacerlo también en mi blog.

3. Quizá lo publiquen también en www.institutanos.com (se acercó el Presidente del CEAIN a pedírmelo pa ponerlo), pero con algunas palabras y frases distintas porque esto que publico aquí es lo que dije textual, dentro de lo cual hay varias notitas y flechas hechas a lapiz o simplemente frases que surgieron de mi boca al estar en el proscenio; en cambio, institutanos.com solo tiene el papelito que me pidieron en el momento.

4. Por cierto, el original era más extenso, y Villagra me pidió que lo acortara, so pretexto de que a todos los que hablaran les pidió lo mismo. Mentira: Lucho Elmes habló como 20 minutos -excelente discurso hasta donde lo logré escuchar-. Aclaro, eso si, que tampoco era mi idea dar la lata y no encuentro que yo haya hablado poco, solo doy constancia de lo chanta que es Villagra.

5. Bien mala idea hacerlo en la noche. La gente quería puro irse y taba cagá de hambre y pa que hablar del frío. En cuanto a esto último, la tan famosa carpa que iba a haber, resulta que se desplomó por completo cuando la instalaron (Jueves en la noche), ergo, cagó.

6. Un tremendo abrazo a la distancia para alguien que no pudo estar en la graduación debido a que el Jueves lo operaron de apendicitis: te quiero caleta Pollo, mejórate pronto.

7. Y... eso, gracias a los que me pescaron, y también a los que no. Los quiero caleta, y se viene la patá en la gala del Gran 4ºI Humanista 2005. Por cierto, fuimos los primeros en armar distorción al subir al escenario (2+2...3!!), antes los cursos subían seriecitos, de ahí se soltaron.

Thursday, October 27, 2005

El existencialismo cruzado

El existencialismo cruzado
(Postulación frustrada al Barril de Oro 2005)

"Los dioses habían condenado a Sísifo a subir sin cesar una roca hasta la cima de una montaña desde donde la piedra volvía a caer por su propio peso. Habían pensado con algún fundamento que no hay castigo más terrible que el trabajo inútil y sin esperanza" ("El Mito de Sísifo", Albert Camus). Sísifo es un personaje de la mitología griega, un individuo que se insolentó con los dioses (aunque hay versiones distintas sobre la forma en que lo hizo) y estos le impusieron la condena mencionada. Este es el ejemplo base del pensamiento existencialista, una concepción de la vida como un absurdo, un sinsentido permanente, y la única forma de enfrentarlo es no tomando conciencia de este y fabricando una esperanza que permita sobrevivir sin la bruma existencial.

Camus plantea que un destino eterno sólo se convierte en trágico cuando el hombre adquiere conciencia de este; por ejemplo: que el destino de un trabajador explotado sólo es trágico en los esporádicos momentos en que este adquiere consciencia de él, y en vista del absurdo que para él es inevitable, Sísifo logra derrotar a los dioses en la medida que los desprecia, que reemplaza la conciencia por la esperanza prácticamente ciega, ese es el triunfo final del existencialista. Pero al fin y al cabo podemos ver que la esperanza de Sísifo es simplemente ilusoria: el triunfo final no podrá llegar jamás, pues su destino es eterno e ineludible, y esas victorias son sólo pequeñas y cotidianas, lo justo para sobrevivir.

Si Camus fuese chileno y viviera en nuestro tiempo, seguramente sería un ferviente hincha de Universidad Católica -con lo que serían 51-. Y es que la Católica es la encarnación perfecta del mito de Sísifo. Existe la misma incertidumbre respecto a la razón de su castigo: probablemente sean sus delirios de grandeza o el hecho de representar a una clase social que por antonomasia carece de espíritu combativo, la cosa es que el equipo cruzado debe cargar con una pesada roca por el empinado monte de la competencia futbolística. Y logra subir, siempre ganando las fases regulares, rompiendo los records de partidos invictos o vallas invictas o alguna de esas cosas que sólo sirven para la estadística snob, siendo el equipo sensación, el "europeo", el del plantel más caro y mejor atendido del torneo, y teóricamente el mejor. Pero llegan a la cima (alguna instancia final importante), y la roca cae: están condenados a poseer una falta de actitud, de corazón y de mística que les impedirá siempre llegar a la cima, los hará siempre estar a punto de lograrlo, pero nunca concretándolo.

"Sigo imaginando a Sísifo volviendo hacia su roca, y el dolor estaba al comienzo". Como ya dije, se supone que Sísifo vence a los dioses cuando logra realizar esta vuelta a la roca que yace al pie del monte con esperanza ciega en vez de conciencia de su realidad, pues la conciencia lleva al recuerdo y este a la tristeza. Es exactamente lo que el cruzado hace: en vez de que la conciencia lo domine, sustenta su esperanza en la construcción de algún triunfo moral que justifique su existir, siempre le echará la culpa a algún "robo" arbitral en vez de asumir lo trágico de su destino cruel de fracaso eterno. Y así, nuevamente vuelven a la roca, la llevan, están a punto de llegar, y esta cae, para que el ciclo se repita eternamente. Su única redención posible sería la muerte, pero nunca asumirán su eterna condena, por ende los pobres cruzados jamás alcanzarán la liberación de la tragedia existencial, viéndose sólo limitados a los incipientes triunfos existencialistas que otorgan la cuota justa para sobrevivir.

En palabras simples: son cagones y punto.

Wednesday, March 30, 2005

La gran guerra del Humanismo

Desde su nacimiento bajo la tutela de Erasmo de Rotterdam, y su auge en la Italia de Da Vinci, Miguel Ángel y compañía, el Humanismo surgió no como una recreación del modelo griego, sino como un movimiento nuevo que radicaliza y “perfecciona” el pensamiento de los antiguos grandes pensadores helénicos, imponiendo al hombre como centro del universo y lanzándose de lleno a buscar el conocimiento no cuantificable, no racionalizable, aquel al que la ciencia no puede siquiera intentar acceder. De esta forma, el Humanismo ve al hombre como un ser libre, que posee gran valor en si mismo, en sus pensamientos y en sus sentimientos, que es dueño de su propio destino, y es a quien se conceden todos los derechos e imponen todas las obligaciones, en clara muestra de descontento con el teocentrismo imperante en la Edad Media.

En vez de plantear que “la ideología es el peor sustituto del pensamiento”, quizás mejor sería decir “es el peor enemigo del pensamiento”. Pues son justamente las distintas ideologías a lo largo de la historia las que han, de diversas formas, reprimido y/o combatido el pensamiento humanista. Desde los tan añorados tiempos de la Antigua Grecia, la naturaleza cuestionadora y antropocéntrica del Humanismo representó un peligro para los grupos dominantes, que debían mucho de su poder justamente a la religión oficial del Estado que los pensadores cuestionaban. Este peligro fue rápidamente atacado con un fuerte proceso represivo, que obligó a beber cicuta y perecer a tantos grandes hombres como Sócrates, Aristóteles o Pitágoras. Sin embargo, si bien ellos fueron muertos, sus ideales permanecieron marcados a fuego en la humanidad, mientras el teocrático imperio griego se derrumbaba poco a poco hasta caer definitivamente. La primera batalla de la imperecedera guerra entre las ideologías y el Humanismo había sido ganada por este último.

Luego vendrían las Monarquías Absolutistas europeas, principalmente la francesa. En ella, Bossuet impuso el principio del “Derecho Divino de la Monarquía”, según el cual el Rey que gobernaba los destinos de una nación lo hacía en virtud de un mandato divino, y por lo tanto sus acciones eran incuestionables. El ataque contra el Humanismo se intensificó, ya no bastó con la represión física, también la batalla fue llevada al terreno de la cultura, con el surgimiento del Neoclasicismo, movimiento artístico igualmente basado en el antiguo clasicismo greco-romano, pero que busca derechamente imitarlo de la forma más precisa posible, privilegiando una perfección pragmática y desdeñando el factor sentimental en el arte, todo lo contrario a lo que caracteriza la concepción artística del humanista: “gozar la creación, idealizar la realidad y amar esa ilusión. Disfrutar de un argumento, solazarse de una metáfora, asombrarse de una paradoja e inquietarse por el enigma de la historia”. Pero el Humanismo no habría de quedarse atrás, y su contraofensiva se vio plasmada en el nacimiento de la Ilustración, y con ella del ideal romántico que finalmente acabó con el absolutismo. Otra batalla en que triunfa el humanismo.

Actualmente, en nuestra sociedad contemporánea se vive una nueva contienda entre la ideología y el Humanismo. El sistema actual requiere cierta uniformidad entre los individuos, que sean dóciles y generen poco cuestionamiento. Pero, a diferencia de las otras contiendas citadas, este enemigo del Humanismo, a pesar que han existido casos de sociedades totalitarias y autoritarias en que la represión física se ha mantenido como medio de acallarlo, en esta ocasión puede decirse que ha cambiado la estrategia. En vez de atacar al Humanismo directamente, ha optado por ningunearlo, relativizarlo, subestimarlo, restarle importancia, entendiendo perfectamente que el ataque directo hacia una cosa hace presuponer la existencia de su mérito, en cambio la indiferencia hacia ella causa duda sobre su valor e incluso sobre su real existencia. Además, también ha introducido y hecho prevalecer una cultura de lo liviano, lo desechable, creando con ello un terreno poco fértil para el pensamiento humanista. Estos dos factores sumados han creado el arquetipo del humanista como un tipo vago y débil intelectualmente que huye despavorido de las ciencias exactas, no por querer explorar aún más allá, sino porque no posee la capacidad de comprender dichas ciencias; y también han creado una imagen del Humanismo como una mera entretención superflua, sin utilidad alguna en una época donde la praxis, lo inmediato, es todo. Es decir, los escasos humanistas verdaderos de nuestro tiempo, debido a sus ideales están condenados a beber la cicuta de la indiferencia.

La batalla está declarada, ahora es responsabilidad de los nuevos humanistas derribar este mito. Es deber nuestro rescatar el verdadero Humanismo, de derramar la cicuta que se inyecta desde las sombras en la conciencia de nuestras sociedades, tal como los antiguos humanistas, que lucharon por sus ideales incluso dando la vida. Sólo así, su muerte no habrá sido en vano, y el Humanismo finalmente habrá ganado otra batalla y posiblemente la eterna guerra histórica contra las ideologías. Esto último es relativo, pues estas, sean del lado que sean, siempre han logrado idear nuevas estrategias de reacción. ¿El Humanismo está entonces condenado a la derrota, o peor aún, a librar una batalla cíclica sin fin como se ha venido desarrollando a lo largo de la historia? ¿O, por el contrario, lograrán los humanistas dar la estocada final a la reacción ideológica? Depende de nosotros.

Nota:
Por casualidad, o más bien por curiosidad, me metí al Blogspot de un compañero que suele escribir cosas bastante interesantes y con una mezcla entre existencialismo y a ratos nihilismo que da para reflexionar (uno puede desde asombrarse hasta putearlo). La cosa es que este individuo hizo pública su concreción de una labor que nos encomendara un profesor, curiosamente, de Matemáticas: explayarnos sobre lo que para nosotros es el Humanismo a partir de un ensayo sobre esto creado por él mismo. En fin, de pronto me acordé que tenía esta paginita y estaba botada (y que incluso un par de personas me preguntaron que onda al respecto) acumulando polvo en el ciberespacio. El caso es que fue así como se me ocurrió revivir mi Blog, copiando la idea de Sandy de hacer público aquel texto, aunque debo decir que el mío intenta evitar la chúplica flagrante, jejeje.

Friday, December 24, 2004

Día 24

Se me había olvidado que tenía esta paginita. Bueno, ahora que me acordé me dieron ganas de publicar algo pero no de escribir, así que haré caso a ciertas sugerencias en tono de crítica y publicaré un cuento creado hace algunos meses. Además, viene a tono con la fecha. Se llama "Día 24", ahí va, se esperan críticas varias:

Vientos huracanados y tempestuosos, nieve cayendo copiosa e inacabable como si una mano invisible recogiera parte de la que hay en el suelo y la arrojara, para luego volver a recogerla formando así un gélido ciclo vital, y un frío que cala los huesos y se mete como una bacteria congelando hasta la última fibra de las entrañas de los seres vivientes, marcan el paisaje y la vida en la quietud del polo. Quietud que, sin embargo, en las postrimerías de cada año se quiebra temporalmente con el ruido de los barcos y –en las últimas décadas- aviones que llegan masivamente desde todos los rincones del orbe, que cada año son más y vienen más repletos con millares de cartas dirigidas hacia un solo individuo.

El viejo Nicolás vivía en una cabaña grande perdida en el polo, con una pesebrera al lado de ella donde abrigaba y alimentaba a sus animales. Antiguamente dedicaba todo el año a construir con sus propias manos hermosos y sencillos juguetes junto a sus compañeros duendes, para en Diciembre realizar un largo recorrido repartiendo el fruto de su trabajo por todo el planeta, sin distinguir razas, clases sociales o colores políticos. Pero esos viejos tiempos habían quedado atrás. Cada año que pasaba, aún contra el hambre, la pobreza y las sostenidas masacres en los más diversos rincones del globo, la población mundial parecía aumentar como una manada de conejos, haciendo que, aún teniendo todo un año para ello, su trabajo y el de sus asistentes no diera abasto para satisfacer una demanda de tal magnitud.

Mas ese no fue su único problema en las últimas décadas. Las modernas tecnologías llegaban paulatina y progresivamente a las calles y las casas, para gobernar en gloria y majestad las mentes y las vidas cotidianas de las sociedades. Las muñecas de algodón, impedidas de hablar, caminar, estornudar u orinar, poco a poco ocupaban lugares cada vez más bajos en el viejo baúl de los juguetes; las pelotas de cuero o de trapo, carentes de los equipos y las múltiples opciones de juego que poseen los últimos simuladores de fútbol de las modernas consolas, se cubrían de polvo y tierra en un rincón del patio. Las hábiles manos del vetusto Nicolás y sus amigos no eran capaces de programar computadores o armar complicados circuitos únicamente con la materia prima que habían utilizado en los viejos tiempos.

El solucionar este problema requirió un intenso trabajo del anciano y su personal: debieron soportar horas de esperas, secretarias que los tramitaban y cuando les decían quienes eran solo atinaban a reír –ya no creían en esas cosas-, pero finalmente su estoico esfuerzo fue paulatinamente dando frutos: entre oficinas, informes, proyectos y powerpoints, lograron posicionarse poco a poco y establecer buenas negociaciones con importantísimos capitalistas y comerciantes mundiales, persuadiéndolos finalmente de realizar una fuerte campaña de imagen para así potenciar el mito del viejo, a fin de que mucha gente le pidiera regalos, enviándole dinero, del cual daría un porcentaje a las multitiendas a cambio de que estas le suministraran productos y materiales para fabricarlos.

Y ahora viene otra fiesta navideña más, y la rutina acostumbrada para aquella época del año. Inicialmente, en los tiempos ya idos, el trabajo se limitaba a leer cada carta, anotar organizadamente cada dirección con su respectivo regalo, y llevarlo el día 24 en la noche –poco antes de medianoche-, pero ahora su labor es algo más compleja y ciertamente más aburrida. Abrió una carta, y antes de mirar siquiera la caligrafía del pequeño mensajero en una hoja de cuaderno, hurgueteó en el sobre con insistencia, unas tres veces, pero no encontró lo que buscaba, así que sin siquiera mirarla la utilizó para alimentar el fuego que crepitaba en la salamandra que poseía en su estudio.

Luego abrió otra, y nuevamente hurgó en el sobre antes de mirar siquiera la hoja, blanca y más limpia que la anterior, pero a los pocos segundos encontró lo que quería, de modo tal que procedió a leer la carta, anotando en su computador –también otorgado por las multitiendas como parte del trato- la dirección y los regalos que pedía el niño en cuestión. Así, durante tres días llevó a cabo este proceso –y los duendes hicieron lo mismo- con todas las cartas: si adjuntaban efectivo, algún cheque o algún comprobante de depósito –también tenía cuenta corriente el anciano-, la leían anotando la dirección y los regalos; de no ser así, simplemente la tiraban al fuego o a la basura, total, estos remitentes creerían que todo es por culpa de ellos, que hicieron alguna travesura o no se comieron la comida un par de veces. Hecho esto, comenzaron la soporífera labor, que les tomó otros tres días, de clasificar los regalos, según destinatario, uno por uno –o varios por varios, según hubiera pedido cada pequeño y según el dinero que hubiera en el sobre-.

Y finalmente llegó el día 24. Se levantó temprano, pues la medianoche ocurría en momentos distintos según cada rincón del mundo. Su esposa le preparó una apetitosa colación para el viaje, el viejo fue sacando a los renos de la pesebrera para que se habituaran a la temperatura y así no sufrieran algún contratiempo muscular en el camino, repasó varias veces la lista y el saco, cuidando que todo estuviera bien clasificado, en fin, se preparó a conciencia como todos los años para realizar su faena. Finalmente, alrededor de las 9 de la mañana, se puso el abrigo rojo que le confeccionó uno de los comerciantes y decidió partir rumbo al oriente, donde anochecía primero.

Montado en su majestuoso trineo tirado por aquellos legendarios renos llevó a cabo su recorrido, calculando el tiempo rigurosamente para llegar siempre a medianoche a cada destino. Primero fueron las islas polinésicas, luego pasó por Oceanía, después el sudeste asiático, siguiendo con los países de la ex Unión Soviética –hace solo un par de décadas comenzó a llevarles regalos-, se saltó Medio Oriente porque era parte del trato con los capitalistas –son sus enemigos- y además porque allí no creen en él, y pasó directamente a Europa. Luego de finalizar su periplo por el Viejo Continente, tomó rumbo hacia el sur para llegar a África, lo cual no le quitó mucho tiempo ya que fueron pocos los sobres con dinero que llegaron desde allí.

Terminada la breve entrega en el continente negro, emprendió rumbo al noroeste, para comenzar por América de norte a sur. Fue dificultoso llevar a cabo su labor en los tiempos adecuados, pues, luego de pasar por Canadá, en Estados Unidos debió apurarse en extremo para entregar tal cantidad de regalos en el menor tiempo posible. Luego giró el trineo hacia el sur y, dando un par de latigazos a los renos para apresurarlos, pasó a México, luego recorrió toda Centroamérica y el Caribe –exceptuando a Cuba, por la misma razón que Medio Oriente-, luego siguió descendiendo hacia las llanuras de Colombia y Venezuela, las selvas de Brasil y Ecuador, las alturas de Perú y Bolivia, las pampas de Paraguay, Uruguay y Argentina, y finalmente al austral Chile, pasando del árido desierto hasta los glaciares eternos del sur.

Finalizado ya el largo y agotador viaje por el mundo, emprendió satisfecho el camino hacia su casa, pensando en su merecido descanso, sin preocuparse de los numerosos niños que lloraban desconsoladamente varios kilómetros más abajo, con la desilusión de ver como el destino quiso una vez más que la “Pascua Feliz Para Todos” que tan ampulosamente prometieran los letreros de las tiendas, las cancioncitas en la radio y los spots en la televisión, no fuera extensiva hacia ellos.

Thursday, December 02, 2004

La leyenda del país solidario

Año tras año –aunque algunas veces no se lleva a cabo- vemos realizarse uno de los eventos más grandilocuentes, sino el más, que conocen las instituciones de caridad; ¿que otra sino la famosa “Teletón”, de creación chilena y ya exportada hacia otros países, genera mayor cantidad de atención mediática y mueve más cantidades de gente y, consecuencialmente, de dinero, en tan poco tiempo? Cada año, más o menos desde comienzos de Noviembre comienza el bombardeo comunicacional, diarios, radios y canales de televisión se lanzan de lleno cubriendo los pormenores de esta “cruzada solidaria”. “Faltan X días para la Teletón”, “Compre los productos que están en Teletón”, que el tren por todo el país, y tantas otras actividades de marketing que muchas veces causan repulsión. No pocas familias se proponen no poner absolutamente nada de dinero para esta colecta nacional.

Pero llega el día, cadena nacional –quienes tienen cable lo valorarán más que nunca-, y la sensibilidad de la mayoría de estos “insensibles” sufre un brusco cambio. Comenzará con desgarradores testimonios de algún niño o niña símbolo escogida para la ocasión, que siempre acabarán mostrando la tremenda ayuda que la Fundación Pro Ayuda al Niño Lisiado –si, así se llama realmente, ¿o creían que una institución seria puede llamarse “Teletón”?- le ha otorgado en su proceso de recuperación de vaya uno a saber qué mal le incrust{o el destino a la vida de aquel pobre muchacho. Mientras las dueñas de casa se secan las lágrimas y todos miran con los ojos fijos la televisión aún recuperándose del impacto, alguien cantará el “himno” compuesto para la ocasión, y luego aparece el triunfante Don Francisco y todo el séquito de figuras televisivas de turno a entregar algún mensaje de aliento a colaborar.

El resto transcurre en forma impresionantemente lenta, pero siempre siguiendo aquella estructura rígida. Que los concursos, que algún político haciendo el ridículo bailando u otra práctica risible –notable la Gladys al negarse a darle un beso a Lavín-, que la Vedetón –EL momento erótico del año... hace 25 años atrás; el advenimiento del cable acabó con su sentido-, que el segmento de programas infantiles –con aquel desesperante y añejo “levántate papito...”-, más concursos, partidos de fútbol, pruebas irrisorias de todo tipo, contactos en directo con todas partes de Chile, en fin, todo un kitsch espectáculo matizado con más testimonios incrustados, el eterno cantito “veinticuatro mil quinientos raya cero tres” donaciones de empresas y personas importantes, y lastimeros llamados a colaborar –todos los años “están muy lejos de la meta” hasta como tres horas antes del final-.

Y llega aquel magno evento de clausura en el Estadio Nacional. Una inmensa multitud viendo un espectáculo de dudosa calidad, más donaciones gigantescas y sorpresivas, más llamados a colaborar –con la misma expresión suplicante-, cánticos varios y así pasa y pasa la hora. Se logra la meta, las figuritas televisivas se pegan codazos para sacarse una foto con Don Francisco quien se ve triunfante y sonriente, este da un discurso donde resalta que Chile es un país solidario y que la Teletón une a los chilenos, carros alegóricos, fuegos artificiales, fiesta, y luego todo se acaba. Todos los chilenos se sienten orgullosos, se sienten más solidarios, los más solidarios en el mundo, uno de los mitos nacionales se potencia, tal como la bandera más hermosa y el mejor himno después de la Marsellesa.

Pero ¿somos realmente un país solidario? La respuesta es no. Un país solidario no necesita que se le haga toda una fastuosa campaña mediática para incentivarlo a colaborar, lo haría por su cuenta. Un país solidario no necesita que se le imponga una meta determinada, colaboraría realmente hasta más no poder para así lograr incluso mucho más. En un país solidario las grandes empresas realmente donarían dinero, no utilizarían comercialmente un evento como la Teletón para aumentar sus ventas, pagar menos impuestos y entregar donaciones que no son más que dinero de la gente que consume sus productos.

¿Por qué entonces se nos inventa este mito de que somos un país solidario? Simplemente porque el chileno es tremendamente competitivo, y necesita sentirse ganador en algo, y como no somos un país plagado de triunfos deportivos como Argentina, se deben inventar triunfos, aunque sean ficticios; de esta forma se tejen todas aquellas leyendas patrioteras como el desierto más seco, el vino más rico, la bandera más linda o el segundo mejor himno. Uno de estos es el país más solidario, el cual es brillantemente aprovechado por los Don Francisco y compañía: estimulan la competitividad de la gente al imponerle una meta, además del afán de reforzar la leyenda del país con la gente más generosa y solidaria del mundo.

A través de estas líneas se hace el llamado a colaborar, no sólo con la Fundación Pro Ayuda al Niño Lisiado, sino con otras instituciones de caridad. Pero que sea una actitud generosa constante en la medida de lo posible, durante todo el año, no solo para las grandes ocasiones. Para que realmente sea un acto de solidaridad y no por inercia, para que los grandes triunfadores no sean McDonalds ni Don Francisco, sino realmente los niños de la Teletón, y la leyenda del país solidario se vuelva realidad, para dicha de los enfermos y los más necesitados.